CIUDAD DE MÉXICO — México se prepara para uno de los cambios más significativos de su legislación laboral en décadas: la transición hacia una jornada máxima de 40 horas semanales.
La Secretaría del Trabajo y Previsión Social informó en septiembre de 2026 que el proceso contempla una reducción gradual de la jornada, actualmente de hasta 48 horas semanales, hasta alcanzar las 40 horas en 2030. Según la dependencia, la modificación está diseñada para realizarse sin reducir salarios, prestaciones ni derechos laborales.
La reforma también contempla un fortalecimiento de las normas aplicables a las horas extraordinarias y mecanismos de registro electrónico de la jornada laboral.
De acuerdo con la Secretaría del Trabajo, más de 13 millones de personas trabajadoras se encuentran entre la población que podría verse directamente alcanzada por la transformación.
El cambio abre ahora una etapa de adaptación tanto para empleadores como para trabajadores. Sectores manufactureros, comerciales y de servicios deberán reorganizar horarios, turnos y procesos productivos conforme avance el calendario de reducción.
Para México, donde la integración industrial con América del Norte desempeña un papel central en la economía, la transición también será observada desde la perspectiva de la productividad y competitividad.
El proceso hasta 2030 permitirá evaluar cómo empresas de diferentes tamaños y sectores ajustan sus modelos operativos al nuevo esquema laboral.
La reducción de la jornada coloca así el debate sobre productividad, calidad del empleo y equilibrio entre vida laboral y personal entre los temas centrales de la agenda económica y social mexicana de los próximos años.